SISTEMAS
DE CREENCIAS
1.
INTRODUCCIÓN
La psicología
cognitiva es como se denota a los sistemas en psicología que se
encargan del estudio de la cognición, es decir, los procesos mentales
implicados en el conocimiento. Tiene como objeto de estudio los mecanismos
básicos y profundos por los que se elabora el conocimiento, desde la percepción,
la memoria y el aprendizaje, hasta la formación de conceptos y razonamiento
lógico. Por cognitivo entendemos el acto de conocimiento, en sus acciones de
almacenar, recuperar, reconocer, comprender, organizar y usar la información
recibida a través de los sentidos.
Está situada dentro de lo
que se denomina el hexágono cognitivo, formado por la interrelación entre Neurociencia,
Inteligencia Artificial, Psicología, Lingüística, Antropología y Filosofía. Recibe
influencias de disciplinas y teorías afines, como el tratamiento de la
información, la inteligencia artificial, la ciencia del lenguaje y el enfoque
holístico.
El interés de la psicología
cognitiva es doble. El primer interés es estudiar cómo las personas entienden
el mundo en el que viven y también se abordan las cuestiones de cómo los seres
humanos toman la información sensorial entrante y la transforman, sintetizan,
elaboran, almacenan, recuperan y finalmente hacen uso de ellas. El resultado de
todo este procesamiento activo de la información es el conocimiento funcional
en el sentido de que la segunda vez que la persona se encuentra con un
acontecimiento del entorno igual o similar está más segura de lo que puede
ocurrir comparado con la primera vez.
Cuando las personas hacen
uso de su conocimiento construyen planes, metas para aumentar la probabilidad
de que tendrán consecuencias positivas y minimizar la probabilidad de
consecuencias negativas. Una vez que la persona tiene una expectativa de la
consecuencia que tendrá un acontecimiento, su actuación conductual se ajustará
a sus cogniciones.
La Psicología Cognitiva surgió
como corriente psicológica en los años 50 y 60 como reacción al conductismo. La
principal discrepancia con éste es el acercamiento a la llamada cuestión de la caja
negra.
La Psicología cognitiva surge como alternativa a la concepción
conductista de la mente como caja negra inaccesible. Es difícil atribuir su
aparición a un único autor, pero sí parece claro que su inicio coincide con la
aparición y desarrollo de los ordenadores. El funcionamiento de estas máquinas
sirve como metáfora al investigador para explorar el funcionamiento de los
procesos cognitivos internos.
Es decir, la proposición
conductista de la mente que no puede ser estudiada debido a la imposibilidad de
un acercamiento a través del método científico. En contraste, la psicología
cognitiva hace uso de procesos mentales para explicar la conducta (a diferencia
de tan solo asociaciones entre estímulos y respuestas). Los psicólogos
cognitivos ponen énfasis en la influencia que el procesamiento de la
información tiene sobre la conducta, afirmando que el individuo compara la
información nueva con su “esquema” o estructura cognitiva preexistente. Los
acontecimientos y las situaciones nuevas se interpretan a la luz de lo que ya
se ha aprendido. En ocasiones, es preciso adaptar el esquema a esta
información.
En ese momento de desarrollo
de la psicología, esta se encontraba en un intento por validarse como ciencia,
por lo que esta nueva psicología cognitiva despreció su tradición fenomenológica
propiciada por Wundt, negando la validez de la introspección como método para
alcanzar un conocimiento objetivo. Así, la psicología cognitiva es distinta
de otras perspectivas psicológicas previas en dos aspectos principales.
Primero, acepta el uso del método científico, y rechaza la introspección como
método válido de investigación, contrario a métodos fenomenológicos tales como
la psicología de Freud. Segundo, plantea la existencia de estados mentales
internos (tales como creencias, deseos y motivaciones) contrario a la Psicología
conductista. (Neisser, 1967).
2.
EL SISTEMA DE CREENCIAS
Los hallazgos y evidencias
de la Psiconeuroinmunologia han establecido a través de diversos estudios,
suficientemente convincentes para el pensamiento científico de fin de siglo, la
interrelación e interdependencia de los Sistemas Nervioso, Inmunológico y Endocrino;
de tal forma, que los procesos mentales forman parte de una compleja red de
interacciones bioquímicas bidireccionales con dichos Sistemas. Ello significa
que nos encontramos ante una evidente multifactorialdad en los procesos de
salud, bienestar y enfermedad relacionados ya no solo con la herencia y el
medio ambiente sino con los procesos mentales asociados a los pensamientos, las
emociones y el comportamiento. Dentro de dichos procesos nos focalizaremos en
un elemento clave y fundamental: El Sistema de Creencias y algunas herramientas
conceptuales y prácticas que permiten ampliar la comprensión y dinámica de las
mismas, así como las posibilidades de cambios de las creencias.
Una creencia es en esencia
un pensamiento, el cual tiene una significación de certeza, de verdad o
arraigada convicción subjetiva para la persona que la sostiene.
En ocasiones la creencia
está basada en una interpretación de un determinado hecho más que en el hecho
mismo o en la realidad. Dicha interpretación se fundamenta en las experiencias
y aprendizajes previos de cada individuo; por ello es importante considerar las
posibilidades de re contextualizar la creencia como un pensamiento susceptible
al error, aunque este se dé por verdadero o cierto; la consecuencia de lo
anterior es descubrir la viabilidad al cambio o la factible sustitución de
algunas creencias.
Sin embargo, las personas tienen
creencias que adquieren características permanentes, ya sea por que se elige
creer en ellas o por que representan mensajes recibidos o asimilados en la
infancia de las figuras parentales o el contexto social construyéndose así el
marco de pensamiento referencial.
Todos tienen Sistemas de
Creencias, los cuales constituyen modelos cognitivos de representación del
mundo, del yo, los otros y los hechos de la realidad.
Villoria (1987) señala que
sin los sistemas de creencias
“el cerebro estaría vacío de contenidos indispensables
o representaciones acerca del mundo, el Yo, y los otros y en consecuencia la
conducta humana carecería de direccionalidad y las metas de significación
particular que nos distinguen como personas...este sistema de creencias
constituye un equipamiento para enfrentar las demandas internas y externas, sin
el cual, no tendrían respuesta alguna a disposición. La gente se expresa y
opera según lo cree y una creencia es justamente, lo que se cree. En este sentido,
una creencia positiva, es decir, no empobrecida y limitada de opciones,
facilitará la satisfacción de las necesidades reales y naturales del
individuo".
En la estructuración del
sistema de creencias un aspecto determinante el desarrollo evolutivo de la
niñez; el niño es ingenuo o crédulo por razones neurofisiológicas, tiene hambre
de contenidos para ir comprendiendo la realidad y representarse al mundo; esta
condición lo hace especialmente vulnerable a la asimilación de la información
disponible tanto de los adultos que lo rodean e interactúan con él, como la que
se difunde en los procesos de socialización.
La escasez de información
real como situación evolutiva, facilita la captación y aceptación de mensajes que
se convierten en creencias y posteriormente esa misma escasez de información
puede operar como obstáculo para desalojar un determinado pensamiento del
sistema de creencias.
Creer en los mensajes e
información recibida, además de estructurar el sistema de creencias del niño,
le permite la representación del mundo, y la realidad, así como el
mantenimiento del equilibrio vital, que le conduce a emitir respuestas
selectivas de acuerdo a su sistema referencial de pensamientos. En
consecuencia, las creencias de una persona pueden estar condicionadas
principalmente por:
- La ingenuidad: de forma
recurrente como se estructuró evolutivamente su sistema de creencias.
-La desinformación: al no
disponer de información verídica y real.
-Los conocimientos: bien sean
estos los mensajes parentales recibidos: la información socializada, conceptos
actualizados o los conocimientos especializados.
-Los convencionalismos
sociales: que suelen reforzar prejuicios y estereotipos.
-Los principios éticos: que
sustentan las creencias fundamentales acerca del ser, su trascendencia y su
cualidad espiritual.
En principio podemos definir
un sistema de creencia como un conjunto heterogéneo de pensamientos (marco
referencial) el cual permite asignarle significados, comprender y explicar los
eventos de la realidad.
Los sucesos de las
realidades internas o externas de las personas al pasar por ese sistema
interpretativo configurado por las creencias, genera respuestas selectivas
emocionales, actitudinales y conductuales, las cuales van a proporcionar un
determinado impacto sobre la persona total (mente, cuerpo y espíritu).
Los eventos o circunstancias
de la vida diaria activan el sistema de creencias: pensamiento, imaginaciones,
mensajes recibidos, información socializada, razones lógicas, intuiciones,
ideas al azar. La (s) creencia (s) suscitada por un determinado hecho, puede
pasar desapercibida a la conciencia, en el sentido de no descifrar con claridad
la formulación o premisas del pensamiento en cuestión. En cambio, puede ser percibida
con mayor nitidez la emoción con sentimiento relacionado con dicho pensamiento.
Es frecuente observar como
algunas personas ante los hechos de la vida, perciben más fácilmente lo que
sienten ante un evento, en lugar de las ideas o creencias que subyacen al
mismo.
Algunos eventos una vez que
pasan al sistema interpretativo pueden traducirse en respuestas emocionales
negativas que conllevan a las respuestas físicas típicas del stress, afectando
el óptimo funcionamiento de la respuesta inmunológica y exponiendo a la persona
a las posibilidades de enfermar, acentuar sus síntomas o limitar sus opciones
de bienestar.
El sistema de creencia está
constituido por un conjunto de pensamientos que permiten significar e
interpretar los eventos de la realidad, estos va a integrar una totalidad en la
cual participan componentes emocionales y actitudinales y que van a tener su expresión
observable en las pautas del comportamiento y/o en los ámbitos psicofísicos de
la persona.
2.1
Tipos de Creencias
-Creencia insana: Es aquella
creencia basada, casi exclusivamente en interpretaciones o aprendizajes
distorsionados de la realidad. Es una creencia fundamentada en
generalizaciones, lo que impide ver particularidades o asumir una perspectiva
global de análisis de la situación o evento. En este tipo de creencias es
frecuente el uso del pensamiento mágico por déficit de una información real o
insuficiente habilidad para poner en duda la validez de un pensamiento; está
asociada a emociones negativas (miedo - rabia - culpa - dolor) las cuales, no
contribuyen al óptimo funcionamiento del sistema inmunológico y tienden a
conformar momentos o estados de pesimismo o desesperanza. En esta razón radica
la denominación de "negativas", no en el hecho de experimentarlas, ya
que sentir emociones cualquiera que sea es parte del proceso vital.
-La creencia insana es en
esencia opresora y resistente al cambio: Si una persona cree que su enfermedad
significa sólo sufrimiento, inhabilitación o muerte, puede afectar
sensiblemente el funcionamiento de sus sistemas nervioso, endocrino e
inmunológico; creando factores que no favorecen el proceso de sanación o
bienestar. La creencia insana va en camino opuesto al bienestar integral de la
persona.
-Creencia positiva: Es
aquella creencia basada en un optimismo característicamente exagerado y negador
de la realidad. De alguna manera constituye una respuesta defensiva para no ver
ni examinar con objetividad la situación, ni experimentar emociones indeseables
como el dolor o el pánico. Indudablemente
la creencia positiva es mejor que la creencia insana, ya que incluso, pudiese
derivar relativa tranquilidad a la persona y sus allegados; pero el riesgo
implícito de la negación, como elemento sustentador, constituye su debilidad;
ya que cualquier circunstancia adversa, como una respuesta desfavorable al
tratamiento o una recurrencia, la puede hacer sucumbir, conduciendo a la
persona a estados emocionales desfavorables.
-Creencia saludable: Es
aquella creencia basada en hechos reales; la persona asume con responsabilidad
trabajar para desarrollarla, a fin que contribuya a su sanación y/o bienestar. La creencia saludable es producto de un
proceso de decisión de cambio y está asociada a emociones positivas y neutras
(paz, sosiego, amor, alegría, certidumbre); es en consecuencia una creencia
liberadora que asume la premisa: "Más importante que lo que me está sucediendo,
es lo que decido hacer con lo que me está ocurriendo". Una persona con
creencias saludables ante su enfermedad busca proactivamente procurarse los
niveles más altos posibles de bienestar, armonía, asumiendo responsablemente
que si hizo cosas que pudieron contribuir a su enfermedad, puede igualmente
realizar acciones en dirección opuesta, es decir, hacia su sanación o
bienestar. La creencia saludable es liberadora y contribuye activamente con los
mecanismos pisco-físicos que protegen al organismo de la enfermedad.
Es fundamental considerar el
hecho, que al querer desalojar un pensamiento insano del sistema de creencias y
cambiarlo por una creencia saludable, se produce una disonancia cognoscitiva,
lo cual representa literalmente una "lucha" entre la creencia nueva
por sustituir la creencia antigua, ello representa el desafío de enseñar al
individuo a cuestionar conceptos erróneos específicos e instituir procesos
alternativos para razonar, imaginar, manejar las emociones y re direccionar las
actitudes y la conducta global hacia el bienestar, la satisfacción y la paz
interna.
Dilts (1996) describe varios
tipos de creencias; los cuales resulta interesante examinar para orientar el
trabajo terapéutico:
a) Expectativa de objetivo
que se refiere a estar convencido, pensar que una determinada meta es
alcanzable. Si una persona no cree que un objetivo de salud sea factible,
experimentará desesperanza y en consecuencia no emprenderá acciones para
sanarse o estar mejor.
b) Expectativa de auto
eficacia que consiste en creer que disponemos de recursos necesarios para
lograr un objetivo. Cuando una persona cree que no tiene dichos recursos - por
ejemplo, que otros pueden superar una enfermedad, más no ella - es típico
encontrar un sentimiento de desamparo, el cual lo conducirá también a la
pasividad o acciones improductivas.
c) Expectativa de respuesta
que es lo que la persona espera que le suceda, ya sea positivo o negativo, y
como una consecuencia lógica de las acciones que emprende u ocurre en una
determinada situación. Un buen ejemplo de la expectativa de respuesta es el
denominado efecto Placebo, el cual describen diversas investigaciones como el
fenómeno que se produce cuando una sustancia específica "genera" una
especial respuesta no atribuible a los efectos farmacológicos en si, sino más
bien a la sugestionabilidad, a los procesos cognitivo, la expectativa de
respuesta, es decir las creencias.
d) Creencias sobre la causa
estas provienen de "los filtros" de la experiencia, es a lo que
asignamos la causalidad de un hecho. Si a un paciente con cáncer, le
preguntamos sobre lo que él considera la causa de su enfermedad, podemos
encontrar pistas importantes sobre su marco referencial de pensamiento.
e) Creencias sobre el
significado, por ejemplo ¿qué significa que una persona tenga cáncer o una
enfermedad autoinmune? Pueden surgir diversos significados: es un castigo, se
es mala persona, se perdió el deseo de vivir, se necesita producir cambios en
la forma de vivir, etc. Los significados pueden ser cualitativamente opuestos y
ello tendría incidencias diferentes en los comportamientos y en la salud; - por
ejemplo - si alguien considera ante un diagnóstico de una enfermedad de riesgo
que morirá pronto, probablemente su estado emocional será adverso y no
emprenderá acciones que puedan hacerlo sentir mejor. En cambio, si esa persona
le asigna un significado de necesitar un cambio en su vida, originará
comportamientos dirigidos a lograr dicho cambio. "Las creencias sobre el
significado se traducirán en comportamientos congruentes con la creencia".
(Dilts, 1996).
f) Creencias sobre la
identidad son las que conceptualizan al "yo" de la persona y
describen sus rasgos o habilidades. Están relacionadas con el auto concepto e incluyen
la representación de las propias destrezas y las limitaciones personales.
Algunas creencias sobre la identidad - tales como - "no puedo",
"no valgo", "no merezco", "no va conmigo" -
pueden coartar las posibilidades de cambios, ya que a menudo no se es consciente
de ellas.
Es posible identificar los
diferentes aspectos y tipos de creencias que puede sustentar una persona ante
una enfermedad; y en consecuencia promover un proceso de cambio hacia las
alternativas de bienestar y salud, representado por lo que Barker, J. (1995) denomina
cambio paradigmático y que en esencia es una transformación de las reglas,
modelos cognitivos, patrones de percepción y límites, lo que amplía las formas
de responder a la realidad presente y futura.
2.2
Cambio de Creencias
El cambio de creencias en la
experiencia aquí reseñada se enfoca hacia:
-Recibir información general
sobre las creencias haciendo énfasis en los efectos de los pensamientos y
emociones sobre los procesos de salud y enfermedad.
-Comprender el impacto de
los pensamientos y las emociones sobre las actitudes y la conducta de la
persona en su integridad.
-Proponer estrategias de
cambios de creencias como una opción dentro de la multifactorial dad capaz de
fortalecer el proceso de bienestar o sanación.
En el proceso de cambios,
muchas personas pueden necesitar apoyo o ayuda especializada; el primer paso es
asumir la necesidad de cambiar y decidir ejecutar persistentemente diversas
acciones para lograr la transformación.
Algunas razones que
dificultan el cambio son:
-La intensa emocionalidad
que genera un evento impactante como cualquier enfermedad, que coloque en
riesgo el bienestar integral. Sin embargo, ese dolor emocional,
paradójicamente, puede colocar en evidencia alguna de las creencias insanas de
la persona en relación a su vida y al proceso que está viviendo; planteando en
consecuencia, la necesidad de un cambio.
-En el repertorio de
comportamientos de las personas hay posturas y patrones frente a los hechos o
actitudes, que predisponen a actuar de una determinada forma; dichas actitudes
y conductas pudiesen ser particularmente resistentes al cambio.
-El cambio de creencias
constituye en esencia un cambio de pensamientos o marco referencial, esa
ruptura atraviesa por un proceso de disonancia cognoscitiva, que se traduce en
la persona en una vivencia de dudas e incertidumbres ante la antigua idea y el
nuevo pensamiento.
-Todo proceso de cambio
mueve fuerzas psíquicas que se oponen al mismo. En Laplanche y Pontalis (1979),
se define esa oposición, en el contexto del tratamiento psicoanalítico, como la
resistencia, la cual se traduce en obstáculos generalmente inconscientes para
el esclarecimiento de los síntomas, impidiendo el trabajo terapéutico con
represión (exclusión de contenidos de la conciencia), transferencia y beneficio
secundario de la enfermedad.
-El contexto socio-cultural
juega un papel determinante en el cambio de creencias. Especial atención debe
prestarse al hecho que somos seres en interrelación y en la comunicación
interpersonal entran en juego nuestras creencias.
Dilts y Col (1996) citan a
Joseph Yeager, conocido autor y formador en PNL, quien definió los tres
componentes necesarios para un cambio eficaz: a) querer cambiar, b) saber cómo
cambiar, y c) tener la oportunidad de cambiar. Por estas razones se propone a
los pacientes y sus personas de apoyo examinar sus creencias y decidir la
implementación de estrategias de cambios, de tal forma de transformar las
creencias insanas e incluso las creencias positivas en creencias saludables.
3. CONCLUSIONES
Las terapias cognitivos
conductuales son una fusión de las terapias conductistas y las terapias cognitivas, parten de la
premisa que el comportamiento (tema central del conductismo) es consecuencia de los pensamientos (tema central
del cognitivismo), al igual que los conductistas toma en cuenta la relación
estimulo-respuesta, con la diferencia que el individuo no reacciona
mecánicamente a los estímulos provenientes del ambiente, sino que estos son
mediados por un pensamiento, he ahí la premisa de que no son las situaciones
las que generan el conflicto, sino lo que se piensa de las mismas.
Es común que los individuos
piensen o crean, que su estado emocional y su respectiva respuesta conductual,
sea propiciada por los estímulos ambientales, si esto fuera así, todas las
personas reaccionaran igual ante los mismo estímulos, de hecho este es uno de
los argumentos que se utilizan en la confrontación, para que se den cuenta que
lo que en realidad les está ocasionando la alteración emocional, es lo que está
pensando de la situación, no la situación en sí.
Con base a la creencia de
que son las situaciones las causantes de sus conflictos, algunos pacientes hacen a terapia buscando ayuda
para solucionar problemas prácticos, lo cual está fuera del alcance del
terapeuta, porque lo que él ayuda a solucionar son los problemas emocionales,
resultado de esos problemas prácticos, por eso es importante que además, el
terapeuta le ayude a distinguir entre problemas prácticos y problemas
emocionales. Por eso se le ha considerado a las terapias cognitivo-conductuales
eficaces en el tratamiento de los problemas emocionales, por ese denominador
común que tienen, el pensamiento distorsionado.
Es importante desarrollar
las habilidades básicas para poder conducir la terapia de manera eficaz, porque
de otra manera no sería viable, y además tener la ética para poder decir que no
se puede atender al sujeto en caso necesario, así como también detectar a los
individuos que pretenden sabotear el proceso terapéutico.
4. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
BARKER, Joel Arthur. (1995). Paradigmas:
el negocio de descubrir el futuro. Bogota. McGraw Hill.
DILTS,
Robert; Hallbon, Tim y Smith, Suzi. (1996). Identificación y cambio de
creencias. Barcelona. Ed. Urano. [on line] Recuperado de
www.scielo.org.mx/pdf/rmiq/v8n1/v8n1a4.pdf [2016, 05 de
agosto].
LAPLANCHE, Jean y Pontalis, Jean-Bertrand. (1979). Ed. Grijalbo. Diccionario de Psicoanálisis. Barcelona.
Ed. Labor, S.A
NEISSER, U. (1967). Cognitive psychology. New
York: Appleton-Century-Crofts.
VILLORIA, Nelson. (1987). Vivir
Vs. Sobrevivir. Caracas. Ed. Arte.
RIVIERE, A. (1987). El sujeto de
la psicología cognitiva”, Madrid, Aliansa Editorial. [on
line] Recuperado de www.quedelibros.com [2016, 05 de
agosto].
VILLAR, F.: Psicología
cognitiva y procesamiento de la información. [on line] Recuperado de
www.ub.edu/dppsed/fvillar/principal/pdf/.../cap_06_proc_info.pdf [2016, 05 de agosto].
Nenhum comentário:
Postar um comentário