8/26/2016

SISTEMAS DE CREENCIAS



SISTEMAS DE CREENCIAS


1. INTRODUCCIÓN


La psicología cognitiva es como se denota a los sistemas en psicología que se encargan del estudio de la cognición, es decir, los procesos mentales implicados en el conocimiento. Tiene como objeto de estudio los mecanismos básicos y profundos por los que se elabora el conocimiento, desde la percepción, la memoria y el aprendizaje, hasta la formación de conceptos y razonamiento lógico. Por cognitivo entendemos el acto de conocimiento, en sus acciones de almacenar, recuperar, reconocer, comprender, organizar y usar la información recibida a través de los sentidos.
Está situada dentro de lo que se denomina el hexágono cognitivo, formado por la interrelación entre Neurociencia, Inteligencia Artificial, Psicología, Lingüística, Antropología y Filosofía. Recibe influencias de disciplinas y teorías afines, como el tratamiento de la información, la inteligencia artificial, la ciencia del lenguaje y el enfoque holístico.
El interés de la psicología cognitiva es doble. El primer interés es estudiar cómo las personas entienden el mundo en el que viven y también se abordan las cuestiones de cómo los seres humanos toman la información sensorial entrante y la transforman, sintetizan, elaboran, almacenan, recuperan y finalmente hacen uso de ellas. El resultado de todo este procesamiento activo de la información es el conocimiento funcional en el sentido de que la segunda vez que la persona se encuentra con un acontecimiento del entorno igual o similar está más segura de lo que puede ocurrir comparado con la primera vez.
Cuando las personas hacen uso de su conocimiento construyen planes, metas para aumentar la probabilidad de que tendrán consecuencias positivas y minimizar la probabilidad de consecuencias negativas. Una vez que la persona tiene una expectativa de la consecuencia que tendrá un acontecimiento, su actuación conductual se ajustará a sus cogniciones.
La Psicología Cognitiva surgió como corriente psicológica en los años 50 y 60 como reacción al conductismo. La principal discrepancia con éste es el acercamiento a la llamada cuestión de la caja negra.
La Psicología cognitiva surge como alternativa a la concepción conductista de la mente como caja negra inaccesible. Es difícil atribuir su aparición a un único autor, pero sí parece claro que su inicio coincide con la aparición y desarrollo de los ordenadores. El funcionamiento de estas máquinas sirve como metáfora al investigador para explorar el funcionamiento de los procesos cognitivos internos.
Es decir, la proposición conductista de la mente que no puede ser estudiada debido a la imposibilidad de un acercamiento a través del método científico. En contraste, la psicología cognitiva hace uso de procesos mentales para explicar la conducta (a diferencia de tan solo asociaciones entre estímulos y respuestas). Los psicólogos cognitivos ponen énfasis en la influencia que el procesamiento de la información tiene sobre la conducta, afirmando que el individuo compara la información nueva con su “esquema” o estructura cognitiva preexistente. Los acontecimientos y las situaciones nuevas se interpretan a la luz de lo que ya se ha aprendido. En ocasiones, es preciso adaptar el esquema a esta información.
En ese momento de desarrollo de la psicología, esta se encontraba en un intento por validarse como ciencia, por lo que esta nueva psicología cognitiva despreció su tradición fenomenológica propiciada por Wundt, negando la validez de la introspección como método para alcanzar un conocimiento objetivo. Así, la psicología cognitiva es distinta de otras perspectivas psicológicas previas en dos aspectos principales. Primero, acepta el uso del método científico, y rechaza la introspección como método válido de investigación, contrario a métodos fenomenológicos tales como la psicología de Freud. Segundo, plantea la existencia de estados mentales internos (tales como creencias, deseos y motivaciones) contrario a la Psicología conductista. (Neisser, 1967).


2. EL SISTEMA DE CREENCIAS


Los hallazgos y evidencias de la Psiconeuroinmunologia han establecido a través de diversos estudios, suficientemente convincentes para el pensamiento científico de fin de siglo, la interrelación e interdependencia de los Sistemas Nervioso, Inmunológico y Endocrino; de tal forma, que los procesos mentales forman parte de una compleja red de interacciones bioquímicas bidireccionales con dichos Sistemas. Ello significa que nos encontramos ante una evidente multifactorialdad en los procesos de salud, bienestar y enfermedad relacionados ya no solo con la herencia y el medio ambiente sino con los procesos mentales asociados a los pensamientos, las emociones y el comportamiento. Dentro de dichos procesos nos focalizaremos en un elemento clave y fundamental: El Sistema de Creencias y algunas herramientas conceptuales y prácticas que permiten ampliar la comprensión y dinámica de las mismas, así como las posibilidades de cambios de las creencias.
Una creencia es en esencia un pensamiento, el cual tiene una significación de certeza, de verdad o arraigada convicción subjetiva para la persona que la sostiene.
En ocasiones la creencia está basada en una interpretación de un determinado hecho más que en el hecho mismo o en la realidad. Dicha interpretación se fundamenta en las experiencias y aprendizajes previos de cada individuo; por ello es importante considerar las posibilidades de re contextualizar la creencia como un pensamiento susceptible al error, aunque este se dé por verdadero o cierto; la consecuencia de lo anterior es descubrir la viabilidad al cambio o la factible sustitución de algunas creencias.
Sin embargo, las personas tienen creencias que adquieren características permanentes, ya sea por que se elige creer en ellas o por que representan mensajes recibidos o asimilados en la infancia de las figuras parentales o el contexto social construyéndose así el marco de pensamiento referencial.
Todos tienen Sistemas de Creencias, los cuales constituyen modelos cognitivos de representación del mundo, del yo, los otros y los hechos de la realidad.
Villoria (1987) señala que sin los sistemas de creencias

“el cerebro estaría vacío de contenidos indispensables o representaciones acerca del mundo, el Yo, y los otros y en consecuencia la conducta humana carecería de direccionalidad y las metas de significación particular que nos distinguen como personas...este sistema de creencias constituye un equipamiento para enfrentar las demandas internas y externas, sin el cual, no tendrían respuesta alguna a disposición. La gente se expresa y opera según lo cree y una creencia es justamente, lo que se cree. En este sentido, una creencia positiva, es decir, no empobrecida y limitada de opciones, facilitará la satisfacción de las necesidades reales y naturales del individuo".

En la estructuración del sistema de creencias un aspecto determinante el desarrollo evolutivo de la niñez; el niño es ingenuo o crédulo por razones neurofisiológicas, tiene hambre de contenidos para ir comprendiendo la realidad y representarse al mundo; esta condición lo hace especialmente vulnerable a la asimilación de la información disponible tanto de los adultos que lo rodean e interactúan con él, como la que se difunde en los procesos de socialización.
La escasez de información real como situación evolutiva, facilita la captación y aceptación de mensajes que se convierten en creencias y posteriormente esa misma escasez de información puede operar como obstáculo para desalojar un determinado pensamiento del sistema de creencias.
Creer en los mensajes e información recibida, además de estructurar el sistema de creencias del niño, le permite la representación del mundo, y la realidad, así como el mantenimiento del equilibrio vital, que le conduce a emitir respuestas selectivas de acuerdo a su sistema referencial de pensamientos. En consecuencia, las creencias de una persona pueden estar condicionadas principalmente por:
- La ingenuidad: de forma recurrente como se estructuró evolutivamente su sistema de creencias.
-La desinformación: al no disponer de información verídica y real.
-Los conocimientos: bien sean estos los mensajes parentales recibidos: la información socializada, conceptos actualizados o los conocimientos especializados.
-Los convencionalismos sociales: que suelen reforzar prejuicios y estereotipos.
-Los principios éticos: que sustentan las creencias fundamentales acerca del ser, su trascendencia y su cualidad espiritual.
En principio podemos definir un sistema de creencia como un conjunto heterogéneo de pensamientos (marco referencial) el cual permite asignarle significados, comprender y explicar los eventos de la realidad.
Los sucesos de las realidades internas o externas de las personas al pasar por ese sistema interpretativo configurado por las creencias, genera respuestas selectivas emocionales, actitudinales y conductuales, las cuales van a proporcionar un determinado impacto sobre la persona total (mente, cuerpo y espíritu).
Los eventos o circunstancias de la vida diaria activan el sistema de creencias: pensamiento, imaginaciones, mensajes recibidos, información socializada, razones lógicas, intuiciones, ideas al azar. La (s) creencia (s) suscitada por un determinado hecho, puede pasar desapercibida a la conciencia, en el sentido de no descifrar con claridad la formulación o premisas del pensamiento en cuestión. En cambio, puede ser percibida con mayor nitidez la emoción con sentimiento relacionado con dicho pensamiento.
Es frecuente observar como algunas personas ante los hechos de la vida, perciben más fácilmente lo que sienten ante un evento, en lugar de las ideas o creencias que subyacen al mismo.
Algunos eventos una vez que pasan al sistema interpretativo pueden traducirse en respuestas emocionales negativas que conllevan a las respuestas físicas típicas del stress, afectando el óptimo funcionamiento de la respuesta inmunológica y exponiendo a la persona a las posibilidades de enfermar, acentuar sus síntomas o limitar sus opciones de bienestar.
El sistema de creencia está constituido por un conjunto de pensamientos que permiten significar e interpretar los eventos de la realidad, estos va a integrar una totalidad en la cual participan componentes emocionales y actitudinales y que van a tener su expresión observable en las pautas del comportamiento y/o en los ámbitos psicofísicos de la persona.

2.1 Tipos de Creencias

-Creencia insana: Es aquella creencia basada, casi exclusivamente en interpretaciones o aprendizajes distorsionados de la realidad. Es una creencia fundamentada en generalizaciones, lo que impide ver particularidades o asumir una perspectiva global de análisis de la situación o evento. En este tipo de creencias es frecuente el uso del pensamiento mágico por déficit de una información real o insuficiente habilidad para poner en duda la validez de un pensamiento; está asociada a emociones negativas (miedo - rabia - culpa - dolor) las cuales, no contribuyen al óptimo funcionamiento del sistema inmunológico y tienden a conformar momentos o estados de pesimismo o desesperanza. En esta razón radica la denominación de "negativas", no en el hecho de experimentarlas, ya que sentir emociones cualquiera que sea es parte del proceso vital.
-La creencia insana es en esencia opresora y resistente al cambio: Si una persona cree que su enfermedad significa sólo sufrimiento, inhabilitación o muerte, puede afectar sensiblemente el funcionamiento de sus sistemas nervioso, endocrino e inmunológico; creando factores que no favorecen el proceso de sanación o bienestar. La creencia insana va en camino opuesto al bienestar integral de la persona.
-Creencia positiva: Es aquella creencia basada en un optimismo característicamente exagerado y negador de la realidad. De alguna manera constituye una respuesta defensiva para no ver ni examinar con objetividad la situación, ni experimentar emociones indeseables como el dolor o el pánico.  Indudablemente la creencia positiva es mejor que la creencia insana, ya que incluso, pudiese derivar relativa tranquilidad a la persona y sus allegados; pero el riesgo implícito de la negación, como elemento sustentador, constituye su debilidad; ya que cualquier circunstancia adversa, como una respuesta desfavorable al tratamiento o una recurrencia, la puede hacer sucumbir, conduciendo a la persona a estados emocionales desfavorables.
-Creencia saludable: Es aquella creencia basada en hechos reales; la persona asume con responsabilidad trabajar para desarrollarla, a fin que contribuya a su sanación y/o bienestar.  La creencia saludable es producto de un proceso de decisión de cambio y está asociada a emociones positivas y neutras (paz, sosiego, amor, alegría, certidumbre); es en consecuencia una creencia liberadora que asume la premisa: "Más importante que lo que me está sucediendo, es lo que decido hacer con lo que me está ocurriendo". Una persona con creencias saludables ante su enfermedad busca proactivamente procurarse los niveles más altos posibles de bienestar, armonía, asumiendo responsablemente que si hizo cosas que pudieron contribuir a su enfermedad, puede igualmente realizar acciones en dirección opuesta, es decir, hacia su sanación o bienestar. La creencia saludable es liberadora y contribuye activamente con los mecanismos pisco-físicos que protegen al organismo de la enfermedad.
Es fundamental considerar el hecho, que al querer desalojar un pensamiento insano del sistema de creencias y cambiarlo por una creencia saludable, se produce una disonancia cognoscitiva, lo cual representa literalmente una "lucha" entre la creencia nueva por sustituir la creencia antigua, ello representa el desafío de enseñar al individuo a cuestionar conceptos erróneos específicos e instituir procesos alternativos para razonar, imaginar, manejar las emociones y re direccionar las actitudes y la conducta global hacia el bienestar, la satisfacción y la paz interna.
Dilts (1996) describe varios tipos de creencias; los cuales resulta interesante examinar para orientar el trabajo terapéutico:
a) Expectativa de objetivo que se refiere a estar convencido, pensar que una determinada meta es alcanzable. Si una persona no cree que un objetivo de salud sea factible, experimentará desesperanza y en consecuencia no emprenderá acciones para sanarse o estar mejor.
b) Expectativa de auto eficacia que consiste en creer que disponemos de recursos necesarios para lograr un objetivo. Cuando una persona cree que no tiene dichos recursos - por ejemplo, que otros pueden superar una enfermedad, más no ella - es típico encontrar un sentimiento de desamparo, el cual lo conducirá también a la pasividad o acciones improductivas.
c) Expectativa de respuesta que es lo que la persona espera que le suceda, ya sea positivo o negativo, y como una consecuencia lógica de las acciones que emprende u ocurre en una determinada situación. Un buen ejemplo de la expectativa de respuesta es el denominado efecto Placebo, el cual describen diversas investigaciones como el fenómeno que se produce cuando una sustancia específica "genera" una especial respuesta no atribuible a los efectos farmacológicos en si, sino más bien a la sugestionabilidad, a los procesos cognitivo, la expectativa de respuesta, es decir las creencias.
d) Creencias sobre la causa estas provienen de "los filtros" de la experiencia, es a lo que asignamos la causalidad de un hecho. Si a un paciente con cáncer, le preguntamos sobre lo que él considera la causa de su enfermedad, podemos encontrar pistas importantes sobre su marco referencial de pensamiento.
e) Creencias sobre el significado, por ejemplo ¿qué significa que una persona tenga cáncer o una enfermedad autoinmune? Pueden surgir diversos significados: es un castigo, se es mala persona, se perdió el deseo de vivir, se necesita producir cambios en la forma de vivir, etc. Los significados pueden ser cualitativamente opuestos y ello tendría incidencias diferentes en los comportamientos y en la salud; - por ejemplo - si alguien considera ante un diagnóstico de una enfermedad de riesgo que morirá pronto, probablemente su estado emocional será adverso y no emprenderá acciones que puedan hacerlo sentir mejor. En cambio, si esa persona le asigna un significado de necesitar un cambio en su vida, originará comportamientos dirigidos a lograr dicho cambio. "Las creencias sobre el significado se traducirán en comportamientos congruentes con la creencia". (Dilts, 1996).
f) Creencias sobre la identidad son las que conceptualizan al "yo" de la persona y describen sus rasgos o habilidades. Están relacionadas con el auto concepto e incluyen la representación de las propias destrezas y las limitaciones personales. Algunas creencias sobre la identidad - tales como - "no puedo", "no valgo", "no merezco", "no va conmigo" - pueden coartar las posibilidades de cambios, ya que a menudo no se es consciente de ellas.
Es posible identificar los diferentes aspectos y tipos de creencias que puede sustentar una persona ante una enfermedad; y en consecuencia promover un proceso de cambio hacia las alternativas de bienestar y salud, representado por lo que Barker, J. (1995) denomina cambio paradigmático y que en esencia es una transformación de las reglas, modelos cognitivos, patrones de percepción y límites, lo que amplía las formas de responder a la realidad presente y futura.

2.2 Cambio de Creencias

El cambio de creencias en la experiencia aquí reseñada se enfoca hacia:
-Recibir información general sobre las creencias haciendo énfasis en los efectos de los pensamientos y emociones sobre los procesos de salud y enfermedad.
-Comprender el impacto de los pensamientos y las emociones sobre las actitudes y la conducta de la persona en su integridad.
-Proponer estrategias de cambios de creencias como una opción dentro de la multifactorial dad capaz de fortalecer el proceso de bienestar o sanación.
En el proceso de cambios, muchas personas pueden necesitar apoyo o ayuda especializada; el primer paso es asumir la necesidad de cambiar y decidir ejecutar persistentemente diversas acciones para lograr la transformación.
Algunas razones que dificultan el cambio son:
-La intensa emocionalidad que genera un evento impactante como cualquier enfermedad, que coloque en riesgo el bienestar integral. Sin embargo, ese dolor emocional, paradójicamente, puede colocar en evidencia alguna de las creencias insanas de la persona en relación a su vida y al proceso que está viviendo; planteando en consecuencia, la necesidad de un cambio.
-En el repertorio de comportamientos de las personas hay posturas y patrones frente a los hechos o actitudes, que predisponen a actuar de una determinada forma; dichas actitudes y conductas pudiesen ser particularmente resistentes al cambio.
-El cambio de creencias constituye en esencia un cambio de pensamientos o marco referencial, esa ruptura atraviesa por un proceso de disonancia cognoscitiva, que se traduce en la persona en una vivencia de dudas e incertidumbres ante la antigua idea y el nuevo pensamiento.
-Todo proceso de cambio mueve fuerzas psíquicas que se oponen al mismo. En Laplanche y Pontalis (1979), se define esa oposición, en el contexto del tratamiento psicoanalítico, como la resistencia, la cual se traduce en obstáculos generalmente inconscientes para el esclarecimiento de los síntomas, impidiendo el trabajo terapéutico con represión (exclusión de contenidos de la conciencia), transferencia y beneficio secundario de la enfermedad.
-El contexto socio-cultural juega un papel determinante en el cambio de creencias. Especial atención debe prestarse al hecho que somos seres en interrelación y en la comunicación interpersonal entran en juego nuestras creencias.
Dilts y Col (1996) citan a Joseph Yeager, conocido autor y formador en PNL, quien definió los tres componentes necesarios para un cambio eficaz: a) querer cambiar, b) saber cómo cambiar, y c) tener la oportunidad de cambiar. Por estas razones se propone a los pacientes y sus personas de apoyo examinar sus creencias y decidir la implementación de estrategias de cambios, de tal forma de transformar las creencias insanas e incluso las creencias positivas en creencias saludables.


3. CONCLUSIONES


Las terapias cognitivos conductuales son una fusión de las terapias conductistas y las terapias cognitivas, parten de la premisa que el comportamiento (tema central del conductismo) es consecuencia de los pensamientos (tema central del cognitivismo), al igual que los conductistas toma en cuenta la relación estimulo-respuesta, con la diferencia que el individuo no reacciona mecánicamente a los estímulos provenientes del ambiente, sino que estos son mediados por un pensamiento, he ahí la premisa de que no son las situaciones las que generan el conflicto, sino lo que se piensa de las mismas.
Es común que los individuos piensen o crean, que su estado emocional y su respectiva respuesta conductual, sea propiciada por los estímulos ambientales, si esto fuera así, todas las personas reaccionaran igual ante los mismo estímulos, de hecho este es uno de los argumentos que se utilizan en la confrontación, para que se den cuenta que lo que en realidad les está ocasionando la alteración emocional, es lo que está pensando de la situación, no la situación en sí.
Con base a la creencia de que son las situaciones las causantes de sus conflictos, algunos pacientes hacen a terapia buscando ayuda para solucionar problemas prácticos, lo cual está fuera del alcance del terapeuta, porque lo que él ayuda a solucionar son los problemas emocionales, resultado de esos problemas prácticos, por eso es importante que además, el terapeuta le ayude a distinguir entre problemas prácticos y problemas emocionales. Por eso se le ha considerado a las terapias cognitivo-conductuales eficaces en el tratamiento de los problemas emocionales, por ese denominador común que tienen, el pensamiento distorsionado.
Es importante desarrollar las habilidades básicas para poder conducir la terapia de manera eficaz, porque de otra manera no sería viable, y además tener la ética para poder decir que no se puede atender al sujeto en caso necesario, así como también detectar a los individuos que pretenden sabotear el proceso terapéutico.


4. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS



BARKER, Joel Arthur. (1995). Paradigmas: el negocio de descubrir el futuro. Bogota. McGraw Hill.

DILTS, Robert; Hallbon, Tim y Smith, Suzi. (1996). Identificación y cambio de creencias. Barcelona. Ed. Urano. [on line] Recuperado de www.scielo.org.mx/pdf/rmiq/v8n1/v8n1a4.pdf [2016, 05 de agosto].

LAPLANCHE, Jean y Pontalis, Jean-Bertrand. (1979). Ed. Grijalbo. Diccionario de Psicoanálisis. Barcelona. Ed. Labor, S.A

NEISSER, U. (1967). Cognitive psychology. New York: Appleton-Century-Crofts.   

VILLORIA, Nelson. (1987). Vivir Vs. Sobrevivir. Caracas. Ed. Arte.

RIVIERE, A. (1987). El sujeto de la psicología cognitiva”, Madrid, Aliansa Editorial. [on line] Recuperado de www.quedelibros.com [2016, 05 de agosto].

VILLAR, F.: Psicología cognitiva y procesamiento de la información. [on line] Recuperado de www.ub.edu/dppsed/fvillar/principal/pdf/.../cap_06_proc_info.pdf [2016, 05 de agosto].

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